MENOPAUSIA Y DESEO SEXUAL

 

La menopausia es el período del ciclo vital de las mujeres que comienza cuando desaparece la menstruación. Se trata de un gran cambio fisiológico que viene acompañado de muchas adaptaciones psicológicas y físicas, dirigidas principalmente por el cambio en la cantidad de hormonas producidas. Entre estos cambios, destaca el hecho de que el número de estrógenos decrece, ya que es posiblemente el que más consecuencias tiene. Por ejemplo, la bajada de estrógenos hace más probable que las mujeres menopáusicas se sientan cansadas, somnolientas, y con menos motivación en general. Entre todos estos potenciales síntomas, hay uno que siempre se menciona en la comunidad médico-científica, y es de los que más suelen preocupar a las mujeres: la pérdida de deseo sexual o libido.

Esta posible menor libido se debe a la acción directa de la bajada de estrógenos, como se ha mencionado, y a una acción indirecta de estos, ya que pueden ocasionar otro tipo de incomodidades, como dificultad de lubricación o menor elasticidad de la vagina, que hacen que las relaciones sexuales no resulten tan atractivas en las mujeres menopáusicas. Sin embargo, la menopausia no tiene que significar necesariamente una pérdida de deseo. Hay una serie de herramientas que se pueden poner en práctica, de forma que la menopausia se convierta en todo lo contrario: una nueva (y mejor) etapa en la vida sexual de estas mujeres. De hecho, más de la mitad de las mujeres menopáusicas en España afirman estar satisfechas con su vida sexual, y solo un 22% de las que tienen dificultades sexuales afirman que se debe a cambios corporales (Freixas, 2020).

Para entender que la menopausia no implica una peor calidad de la sexualidad, primero hay que entender cómo funciona el deseo sexual exactamente. El deseo sexual de manera sencilla se define como el impulso que nos lleva a buscar el objeto que lo satisfaga (Fundación Sexpol, 2020). El deseo sexual, por tanto, serían las ganas que sentimos de mantener relaciones sexuales (del tipo que sean; puede ser simplemente que sintamos el deseo de que nos acaricien, o de masturbarnos). Conviene distinguirlo de la excitación, que sería la respuesta fisiológica de esas ganas (por ejemplo, la lubricación vaginal). El deseo, por supuesto, está influenciado por procesos biológicos y, por tanto, las diferencias hormonales en la menopausia tienen un impacto en él. Pero el deseo es algo tremendamente psicológico, por lo que mucho de este impacto hormonal se puede paliar; dicho de otra forma, podemos controlar nuestro deseo sexual.

Para hacerlo, tenemos que aprender a erotizar estímulos, y a trabajar en nuestra capacidad de atención para concentrarnos en aquellos que consideramos relevantes para excitarnos. Así, por ejemplo, una caricia puede resultar o no erótica según la predisposición psicológica que tengamos al recibirla. Para fomentar esta predisposición, en primer lugar, habría que garantizar el bienestar psicológico y físico de la persona: es prácticamente imposible tener ganas de mantener relaciones sexuales si, por ejemplo, tenemos mucho sueño, o tenemos alguna enfermedad. Es por ello que siempre se aconseja mantener un estilo de vida saludable (comer bien, hacer ejercicio, descansar adecuadamente, ir a terapia psicológica si es necesario…)

En segundo lugar, habría que entrenarse en percibir ciertos estímulos como eróticos, incluso aquellos que muchas veces pasan desapercibidos. Esto se consigue obligándonos a ello, poniendo nuestra atención de forma consciente en ciertas cosas. Por ejemplo, si vemos a nuestra pareja salir de la ducha, en vez de fijarnos en las gotas de agua que está dejando en el suelo, podríamos fijarnos en su cuerpo, mirándolo con detalle, y pensando en lo suave o bonito que es, etc. Es simplemente convertir ciertas escenas de nuestra vida cotidiana en algo erótico.

En tercer lugar, habría que conseguir que las experiencias sexuales que se tengan sean placenteras, de tal modo que se conviertan en una recompensa psicológica y nuestro cerebro quiera más. Es una especie de condicionamiento: si el sexo resulta doloroso, molesto, o poco placentero, poco a poco vamos a ir perdiendo las ganas. Cuanto más tiempo pasemos en esta dinámica, más difícil será romperla (pero nunca es imposible). En último lugar, habría que fomentar otras formas de erotismo, por ejemplo, con lecturas, películas, probando nuevas prácticas, etc.

Todos estos pasos se trabajan de forma personalizada y detallada en terapia, donde se aportan herramientas más prácticas para lograr estimular esa clave erótica. En terapia, además, se podrán tratar otro tipo de dificultades como la falta de lubricación o la dispareunia. Es por ello que recurrir a un profesional durante la menopausia puede ser extremadamente útil para mantener o lograr una vida sexual plena.

Xavi Ponseti

Col. Nº B-03138

Referencias

Fundación Sexpol, Manual Terapia Sexual y Pareja (2021)

Freixas, A. (2020). Sin reglas: Erótica y libertad femenina en la madurez. Capitán Swing Libros.

Heidari, M., Ghodusi, M., Rezaei, P., Abyaneh, S. K., Sureshjani, E. H., & Sheikhi, R. A. (2019). Sexual function and factors affecting menopause: a systematic review. Journal of menopausal medicine25(1), 15-27.

Scavello, I., Maseroli, E., Di Stasi, V., & Vignozzi, L. (2019). Sexual health in menopause. Medicina55(9), 559.

 

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